Escribir se ha convertido en la mágica conexión entre mi interior, mis imaginarios y el mundo real.
lunes, 23 de noviembre de 2015
Víctimas de nuestro silencio.
Podría decir muchas cosas y que deje pasar muchas otras. Por ejemplo podría decir que alguna vez el amor fue maravilloso y muy complejo a la vez. Que me ha sacó de mi misma, y me convirtió en otra clase de persona. Esa clase de persona que aun sabiendo la verdad acerca de mi pareja, preferí hacer oídos sordos y guardar silencio. Esa clase de persona que aunque me hirieron, perdonaba, una detrás de otra, y que fui esa clase de persona que se echó la culpa así misma de algo que no hizo jamás.
Podría decir también que deje pasar muchas veces palabras que me hicieron sentir incómoda, bromas sexuales que estuvieron fuera de tono y hasta incluso, podría decir que deje pasar aquel hombre que en la calle me hizo sentir indefensa al gritarme frases con las que seguramente jamás le hablaría a su madre, y que lo peor de todo fue que me sentí culpable pues traía un escote o el pantalón tal vez muy ajustado.
Tal vez muchos de los que están leyendo creerán que esto es el inicio de otra manifestación exagerada para victimizar a las mujeres, pero no lo es.
Voy a pedir que si lo empezaron a leer, lleguen hasta el final de este post y analicen a conciencia lo que significa.
Cito un texto de la página web de la ONU MUJERES: “Se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida. Sin embargo, algunos estudios demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida (...)”
“Pese a que la disponibilidad de datos es limitada, y existe una gran diversidad en la manera en la que se cuantifica la violencia psicológica y física según países y culturas, las pruebas existentes reflejan índices de prevalencia altos (…)”
Podríamos cometer el grave error de pensar que jamás seremos parte de estas estadísticas e incluso que no conocemos a nadie que haya sufrido de algún tipo de atropello, pero créanme, nadie está libre de ser una víctima.
Hay muchas, demasiadas formas de violencia contra las mujeres: la violencia física, la violencia psicológica, la violencia verbal, el acoso, la violencia sexual, los matrimonios forzosos, los abortos obligados, la ablación, el sentimiento de víctima, el control social, la manipulación, el uso de los descendientes como herramienta para el maltrato, entre otros; manifestados en diversos ámbitos de la vida, cuyos actores pueden ser la propia familia, compañeros sentimentales, la escuela, el trabajo, la Iglesia, el Estado, etc.
La violencia contra las mujeres no es exclusiva de ningún sistema político o económico; se da en todas las sociedades del mundo y sin distinción de posición económica, raza o cultura. Puede ser nuestra mamá, hermana, amiga, vecina o la señora que está cruzando la calle porque ninguna está a libre.
Tapamos muchas cosas pensando que es la manera de no hacernos más daño o de no lastimar a nuestro entorno; dejamos pasar situaciones que nos incomodan y nos mentimos a nosotras mismas al decirnos “ya pasó, no fue nada” “no voy hacer caso” “si lo provoco es peor” “que vergüenza con los demás” “la gente va pensar que estoy loca, que exagero”.
Lloramos a escondidas y callamos cada abuso, consumiéndonos por dentro y nos convertimos en seres llenos de temor, víctimas de nuestro silencio.
Lo más irónico es que sentimos vergüenza por la situación que estamos atravesando, cuando los avergonzados deberían de ser aquellos seres que no comprenden o nunca les enseñaron lo que significa la palabra respeto.
Pero la principal razón para que no denunciemos o contemos lo que nos está pasando radica en la consideración de que poco o nada se entiende de lo que nos toca vivir a diario.
Muchas mujeres hemos vivido situaciones de control, manipulación, maltrato psicológico, verbal o violencia física por parte de seres humanos abusivos, en su mayoría hombres. ¿Pero por qué no nos damos cuenta de aquello a tiempo? o ¿Qué debe pasar para decir "YA BASTA" a los sometimientos, abusos emocionales o físicos? La penosa respuesta es: Tocar fondo (algunas ocasiones no viven para contarlo).
Todas tenemos diversas formas de ser, dependiendo de nuestra autoestima, de nuestros valores, de nuestra dignidad, del ejemplo que queremos dar a nuestros hijos y al mundo entero para saber si es necesario "tocar fondo".
Cada mujer que vive una situación así, determina individualmente hasta que punto debe permitir lo que le ha sido impuesto, y lo más triste de todo es que indirecta o inconscientemente, es por voluntad propia. Pero no por esto la sociedad debe de juzgar. Porque si bien es cierto que somos víctimas hasta donde le permitimos a nuestro victimario, vivimos en un mundo tan indolente que miles de veces en nuestro entorno se dan hechos de abuso y no somos capaces de ayudar a pararlo.
No debemos callarnos ni sentir vergüenza alguna de ser o haber sido una mujer violentada. En el preciso momento que dudamos de alguna acción o reacción de otro ser humano hacia nosotras, debemos hablar, buscar ayuda. Contarle a alguien de confianza la situación por la que estamos viviendo sin temor a ser juzgadas. Pedir ayuda es la única manera de salvarnos hasta de nosotras mismas.
Y si estamos presenciando, escuchando o sabemos de algún tipo de abuso, debemos correr el riesgo de inmiscuirnos para tratar de ayudar a la víctima. Cualquier acto de bondad sirve. Tal vez en ese momento o en otro, aquella mujer sentirá que no estuvo sola con su problema y tome fuerzas para salir del fondo donde se encuentra.
La herida que dejan los agresores de mujeres en nuestra sociedad nos exige una respuesta contundente en todos los ámbitos, sea pequeña o grande, pero sin dejar ocasión o pretexto para que se produzca.
A todas esas mujeres valientes que dijeron: ¡NO MÁS! por su fuerza y agallas para salir con la frente muy en alto de este o estos atropellos, les digo que no dejen de ayudar a otras mujeres que puedan estar viviendo la pesadilla de la que ustedes salieron.
A las que aun no tienen las fuerzas necesarias, piensan que están solas o tienen vergüenza de denunciar, recuerden que mañana puede ser tarde y el abuso nunca va a cesar. !NO ESTAN SOLAS!
Al resto que somos parte de esta sociedad les repito, cualquier acto de compasión o bondad ante un abuso, lo agradezcan o no, es necesario.
Existe una arista sangrante de la unión de dos caras: la que ejerce la violencia y la que deja que se ejerza.
miércoles, 14 de octubre de 2015
La paz empieza con una sonrisa.
La víspera de mi cumpleaños suele ser motivo de felicidad y regocijo para mí, porque considero que es mi época especial en el año, y la vivo a plenitud.
Pero necesito confesar que a mis casi 33 años de vida nunca había sentido esta especie de frustración por no poder tener la respuesta a muchas preguntas que hay en mi cabeza.
Al parecer este año ha sido todo diferente, perdí el control de mis emociones y el balance con el cual procuro vivir y tomar decisiones, me invadió la tristeza y me dejé llevar por la frustración sumada a una desesperación por encontrar respuestas.
He llorado para limpiar el alma y no me da vergüenza escribirlo, porque al hacerlo siento que puedo deshacerme de todos estos sentimientos negativos que he permitido invadirme. Me subí en una montaña rusa de emociones que no me ha dejado en paz y al mirarme al espejo observe con tristeza a una persona gris y sin chispa.
Analizo que los seremos humanos llegamos a ser mal en algunas ocasiones al sumergirnos en una laguna tratando de ahogarnos nosotros mismos en la pena y desesperación. Es tan común que pensemos que podemos vivir actuando como si no tuviéramos alma y la desgastamos tanto con situaciones innecesarias.
Sentir desfallecer lentamente, que alguna situación te congeló, entras en colapso, como atado de manos sin poder moverte, no quieres hacerlo porque tienes miedo al no saber que rayos pasa y vuelves tu mente obstinada, transmitiendo automáticamente a tu corazón esos sentimientos.
Voces internas te hablan a mil por hora y la pelea contigo misma no acaba. Empiezan los cuestionamientos: Cómo llegamos hasta aquí? Qué nos paso? Quién nos hizo esto? Sigues luchando por callarlas y no lo logras porque estas desesperada y solo escuhcas que te dicen “deja el alma morir, igual sin ella puedes vivir, sin ella no hay dolor”.
Es una batalla de sentimientos y cuestionamientos que desgasta, que desilusiona, que te entristece, que te paraliza pero creo, tiene un significado divino. En el fondo muy dentro de ti sabes que tienes la solución en tus manos, solo que no sabes por dónde empezar hacerlo.
Luego de mirar a esa persona gris y sin chispa, y llorar todo lo que pude para limpiar mi interior, me vino un destello de luz y electroshock al corazón que solo le puedo llamar FE.
Supe en ese momento que no podía negar tener emociones feas y desesperarme, porque era un ser humano, que evitar sentirlas era empezar a perder la batalla y entrar en negación puede generarte daños irreparables porque no se puede reparar lo que no se admite.
Lo tóxico de negarnos a sentir, si lo pensamos más a fondo, es que nos paralizamos. Es la forma que nuestro interior reacciona cuando no soporta una emoción nueva o algo que no sentía desde hace mucho tiempo.
Por otro lado está la mente que es muy poderosa y nos habla sin permiso, del modo que le da la gana, nos hace sentir atrapados, controlados por una racionalidad perfecta donde no se permite ninguna nueva emoción. Esta batalla de sentimientos es real a todos en algún momento nos pasa, existe y el que la niega, MIENTE.
Hay que saber correr el riesgo y no dejarse paralizar por el miedo. Sin revolución interior no hay transformación. No puede existir esa comunión de cuerpo y alma donde todo puede volver a empezar, y volver a empezar es tan simple como mirarte al espejo sonreír, porque de ahí parte la paz.
Luego de sonreír pensar en lo profundamente bendecidos que somos por todo lo que tenemos alrededor.
Concluí que cuando algo pasa diferente a lo esperado debo aceptar que puedo sentir rabia o frustración, pero después debo dedicar mi tiempo a pedir con toda mi FE que me muestren cual es la razón por la cual pasó y empezar a transitar por el nuevo camino que debo recorrer.
Muchas veces, lo que queremos o creemos que queremos no nos conviene o hay algo mejor esperándonos que nisiquiera nos imaginamos. Hay tantas formas de crear y lograr nuestros sueños, las cuales no tenemos presentes, que a veces es un gran regalo que no pase lo que esperábamos.
Estoy segura que cuando todo tome el rumbo que debe, volveré a leer este texto y sentiré emoción porque tuve la valentía de publicar lo que mi corazón siente, sin vergüenza, para de alguna manera regalar a los demás un poco de aliento y fuerzas retribuyendo un poco del amor que todos mis seres queridos me dan en este momento.
La tristeza no es para siempre (no te desesperes) y la paz empieza por una sonrisa.
Ahora sí:
¡Feliz cumpleaños a mí!
miércoles, 1 de julio de 2015
Fuego y cenizas.
“…y cuando pensé que nuestro amor se había acabado, removí las brasas… y me quemé las manos...”.
(Pero…debe quemar?).
Este tipo de metáforas me inspiran para analizar el entorno y mi persona entendiendo que no todos los casos son iguales.
Remover las brasas de aquel cuya llama está en peligro de extinción, me hace imaginar el paso rápido de nuestra mano por las cenizas para no permitir que la llama se apague usando esta medida extrema para evitarlo. Pero pienso a la vez, que en nuestro bien intencionado intento, el fuego nos quema y deja huellas.
En mi mente daba vueltas y vueltas la frase citada y llegue a una conclusión: Defender nuestros sentimientos por la persona que amamos a veces confunde, a nosotros y a nuestra pareja.
Ahí les voy...
Que el amor todo lo puede, sí. Que el amor todo lo cambia, no. Es increíble como a veces podemos sembrar aquella falsa idea en nuestra razón y dejarla que se convierta en una ilusión de nuestro corazón, con la esperanza de que los demás cambien por el amor que sentimos por ellos, convirtiendo al amor una especie de pócima mágica.
Nadie cambia porque lo amemos más. Desde mi razonamiento expreso que los cambios verdaderos se hacen porque sabemos, y lo más importante, reconocemos que hay una falla en nuestro accionar que nos está imposibilitando el dar de manera correcta y justa, generando de esta manera el deseo corregirla para nuestro bienestar.
Pero en el día a día lo hacemos todo de forma diferente. Metemos las manos en las cenizas y tocamos en el fondo aquel calor, agitamos el aire, removemos las brazas y logramos revivir el fuego. Pero olvidamos que en el trayecto nuestra mano pasó por cenizas y que al llegar al origen del fuego se quemó y lastimó, y pensamos que fue la única manera de sentir que estaba viva la llama. Y luego no curamos correctamente nuestra herida y dejamos las cenizas en el mismo sitio.
El fuego comienza nuevamente su proceso de extinción y fallamos una vez más al creer que si metemos la mano de manera diferente,( pero en las mismas cenizas) esta vez no nos vamos a quemar. FALSO.
Amar sin miedos, desconfianza y pensamientos negativos que nos distraigan de lo positivo, es permitir que la llama del amor se avive con “vientos” de respeto, generosidad, compresión y bondad. La pareja debe estar en pleno conocimiento de que la leña se va a consumir todo el tiempo y se convertirá en cenizas, pero que para mantener el fuego deben de estar alertas.
Se necesita una limpieza permanente de las cenizas para que no obstruyan y dejen el camino libre para colocar las leñas y de esta manera mantener el fuego vivo emanando el calor que solo el amor sano y positivo puede emitir.
Cometer el venenoso error de amar y respetar solo cuando creemos que la otra persona lo merece no mantiene el fuego, y perdonar los errores del otro pero recordando con dolor generando resentimiento nos convierte en obstructores, en cenizas. El fuego no tiene que quemarnos si lo mantenemos con dedicación.
Alguna vez escribí : “El amor más que un sentimiento, es una decisión”. A medida que transcurre el tiempo mi teoría se sigue alimentando porque la decisión de amar es un proceso sin fin.
lunes, 18 de mayo de 2015
El ladrón de sueños.
Allá por mis 17 años, sufrí mi primer episodio de desamor. Aquel chico que significó amor en mi adolescencia, me llamó por teléfono una tarde a decirme que ya no podía seguir conmigo. Al escucharlo tuve un vacío en la panza , miedo y muchas ganas de llorar. Me metí en mi cama deseando dormir y que al despertar todo fuera un mal sueño.
Recuerdo que aquel día mis buenas amigas llegaron hasta mi cama, encendieron la luz de mi habitación y se metieron debajo del edredón junto a mi. Con cuchara en mano y llena de abrazos y cariño estaba lista para volver a empezar. En aquellas épocas, puedo jurarlo, el miedo se desvanecía al ver llegar el helado y los abrazos.
Años más tarde una terrible sensación de ansiedad y desesperación se apoderó de mi. Sentía que me habían arrancado el corazón y que en su lugar habían dejado solo un vacío que provocaba mucho dolor. Las lágrimas llegaban solas a mis mejillas durante mucho tiempo. Me negaba a salir de la cama, no quería hablar con nadie. Era un sentimiento que solo lo había leído en libros y escuchado en canciones. Estaba experimentando la verdadera decepción y el desamor. En aquella etapa ni el helado, ni los abrazos lograron llevarse esos sentimientos.
El miedo se apoderó de mi y me hice promesas equivocadas que provocaban más dolor. “No lloraré mas por nadie” “No permitiré que nadie me lastime” “El amor es para los débiles”. Viví tantos años con esas frases en mi mente y producto de aquello me transformé en una mujer insegura, con miles de miedos y sin amor propio.
Los años seguían pasando y empecé a analizar que el desamor puede ser una útil herramienta o un veneno letal sino lo sabes comprender y usar a tu favor de la manera correcta. Comprendí y acepté que el mundo te va a romper el corazón de todas las formas imaginables. Esto va a suceder siempre y no puedo explicar el por qué.
El amor tocó nuevamente la puerta de mi corazón y lo acogí optimista, me llene de sueños e ilusiones. Este amor era tan fuerte que llegue a sentir que podía tocar el cielo y que podía mover montañas. Mi corazón estaba lleno de fe y esperanza nuevamente. Se sentía fuerte.
A ese amor que lo creía invencible, el miedo desde otro ángulo me lo robó y que triste fue aceptar que una vez más la vida me había roto el corazón.
A veces el mundo nos puede parecer muy injusto y otras un poco loco. Pero mientras perdemos el tiempo juzgando y reprochando todo lo malo que nos puede llegar a suceder, ese mismo mundo sigue girando y no se va a detener.
Cuando tengas el corazón roto, lleno de desilusión y decepción tendrás dos caminos para elegir. El primero es el cubrirte con una manta de miedos y creer que así vas a parar de sentir dolor, o el segundo camino es llenarte de fuerza y locura, prenderte como una garrapata de aquella fe que sabe mover montañas y seguir creyendo que el amor es bueno y que existe. ¿Sabes porqué? Porque si dejas que los miedos y el dolor vivan en ti, no podrás amar, no podrás sentir, no podrás soñar y ¿que clase de vida es aquella sin amor? ¿sin ilusión? ¿sin sueños?. Es una vida en la que solo respiras porque el miedo te roba la posibilidad de soñar y de amar.
Por eso a pesar de todo lo mala, injusta, insensible e implacable que pueda parecer que es la vida y el desamor, debemos seguir soñando y amando. ¡Bendito sea el desamor que te suelta y te permite ser tu misma, aceptando y amando cada momento de tu vida!
Esto de vivir es así: Te caes, te levantas y te vuelves a caer pero si no te mueves porque te da terror caerte, en realidad ya estas sumergido en un abismo sin fin.
Es de humanos equivocarse, cambiar, intentar, fallar, reinventarse y empezar de nuevo y cada vez que sea necesario. Puedo asegurar que no pasa nada (sobre todo si no haces nada).
lunes, 14 de julio de 2014
Ellas saben quienes son.
Desde hace algún tiempo tenía
ganas de escribir algo referente a ellas pero son tan maravillosas que no sabía
cómo, ni por dónde empezar a expresar todo lo que siento pues tienen tantas
virtudes como estrellas existen en el cielo.
Tengo hermanas desde la escuela-colegio
con las que aprendí a escribir y me avergoncé mil veces por ese uniforme
horrible que nos tocó usar durante casi 13 años. Con las que compartí secretos de amor y aventuras
inocentes. Eran más de diez y aunque no
todas quisieron acompañarme en este largo camino, las recuerdo con tanto amor y
ternura que es inevitable dejar de nombrarlas.
Dicen que el amor lo puede todo y
que resiste cualquier situación, por eso
cada vez que veo una foto donde están las
“más de 10” siento nostalgia y me cuestiono a mí misma ¿por qué no dimos más? Quisiera poder revivir lo felices que éramos
juntas pero ahora solo repito esos recuerdos en mi mente y los guardo como un tesoro en mi corazón.
Hoy escuchaba el tema “Como hemos
cambiado” de Presuntos Implicados y no puede evitar las lágrimas que son la más
limpia expresión de los anhelos de mi corazón; el desea que la parte que dice
“…tal vez si tú y yo queremos, volveremos a sentir aquella vieja entrega…” se
haga realidad algún día, en algún momento.
Pero no todo es nostalgia y
recuerdos, las que quedamos vivas de
todo este “proceso”, por darle un nombre a lo que ha pasado, seguimos creciendo
juntas y tenemos cada día una nueva aventura que me hace sentir un lazo
inquebrantable por haber superado las adversidades. No nos dejamos vencer por
nuestros egos y rencores y me encanta tenerlas, contarles mis vivencias sin vergüenza
o miedo a recibir una crítica a mis espaldas. Las que hoy están conmigo han
superado la fría barrera de la distancia y aunque no las vea tanto como
quisiera, existe la avanzada tecnología que sabemos usarla muy a nuestro favor
(cuando realmente se quiere, se puede).
Es increíble ver crecer a mis
chicas, estoy tan orgullosa de sus pasos, sus logros, sus éxitos como mujeres,
profesionales y madres porque todas son
mujeres de bien que aportan al mundo
desde su pequeño espacio de vida. Las que son madres cuentan con mi especial
admiración porque desde muy jóvenes decidieron dejarlo todo por entregarse a
esta labor sacrificando miles de experiencias y sé que no se arrepienten ni un minuto de su
elección pues siempre las veo llenarse de felicidad al ver los inocentes
rostros de mis sobrinos. ¡Valientes hermanas Dios me dio!
Tengo a mis amores que esperaron
un poco más para entrar en el tema de la maternidad, a ellas que hoy están en
este proceso, estoy segura que les irá de maravilla; la felicidad
y ansia con la que desean conocer a mis chiquitos es indescriptible. No saben
la dicha y bendición que siento de poder estar a su lado viviendo esta nueva
etapa.
También tengo una hermosa “familia disfuncional” esas amigas que sin
querer y por miles de razones las siento como ángeles que aparecieron inesperadamente y que se han ganado un espacio tan importante
como mis hermanas de la infancia. Con ellas convivo a diario, y son mi familia
porque al estar lejos de mis padres y hermano se han convertido en mis ojos
cuando no puedo ver, mi alegría (porque sí que son ocurridas) y mi fortaleza
para seguir adelante cuando me siento vencida por las penas del corazón. Ellas siempre me brindan ese cariño indescriptible
que tiene una familia y confió tanto que
tengo la certeza de que no van a fallarme jamás porque llegaron para quedarse.
Todas estas mujeres que he
mencionado brevemente en este texto son mis hermanas del alma. Las amantes de
gatos y zapatos, esas que cuidan sus cuerpos para siempre verse bellas y que les encanta una buena
fiesta hasta el amanecer tanto como leer un buen libro de Márquez o Benedetti.
A unas les gusta las estadísticas
y los números, y a otras las leyes o el marketing. Disfrutan
de un buen vino, de un ron o de un pisco chileno. Les encanta viajar por el mundo y saben
apreciar la belleza masculina.
Tienen diferencias por eso las tengo juntas pero no revueltas, pero
todas coinciden siempre en un hecho
importante, me cuidan el alma.
Estas increíbles mujeres tienen corazones
maravillosos, nobles, valientes, humildes y generosos porque me han dado tanto
amor, me hicieron parte de sus vidas confiándome sus más íntimos secretos y de sus familias sin preguntarme por apellidos.
Estos lazos de amor que tengo con
cada una de ellas son tan fuertes porque se han sembrado con respeto y se
riegan día a día con lealtad, amor y compromiso.
A mis amigas que estuvieron en
una etapa y que ahora no están, a las que comparten mis días tristes, secan mis
lágrimas y escuchan mis errores. A las que están desde siempre. A todas ellas que verán a mis
hijos como suyos y que seguirán compartiendo este largo camino que llamamos
vida. A todas les dedico estas líneas, ellas saben quiénes son.
jueves, 27 de febrero de 2014
Soltarnos.
Si todos los seres humanos descubriéramos ese hermoso poder que llevamos dentro que nos puede liberar y acabar con todo lo inútil, destructivo y desechable, sería extraordinario. La gracia de “soltarse” ante todo requiere de valentía, capacidad para perdonar, confianza y pureza. Este don me lleva más allá de la opinión ajena; es decir, olvidarme de lo que creo que sé y quién creo que soy.
Para escribir sobre lo maravilloso que es “soltarse” tengo que empezar compartiendo situaciones que, según mi criterio -para unos válido y para otros no-, obstaculiza desarrollar esta inigualable “gracia”, como yo la llamo.
Todas las teorías son basadas en observaciones y experiencias que desarrollan la mayor parte de las veces la creencia de que no existe felicidad ni bienestar futuro. Vivir episodios que pueden ser aterradores para nuestras emociones nos arrojan a un espiral de negación combinada con desconfianza que obstaculiza el crecimiento del espíritu y que termina por convertirnos, sin darnos cuenta, en seres que viven a la defensiva.
Nosotros, por natural desarrollo, experimentamos tanta decepción como felicidad, todo va de la mano. Entonces ¿por qué sentimos que la gente nos falla? Es sencilla la respuesta… “porque damos y queremos recibir”.
Existen ejemplos sencillos que hasta pueden sonar absurdos, para anotar: “cuando no dormimos tenemos sueño… cuando no comemos tenemos hambre… cuando no bebemos tenemos sed”. Esto, traducido a emociones, como no sentir admiración, cariño y atención, es experimentar lo que la mayoría llama “vacío emocional”.
Nuestro “yo creo” tiene la certeza de ser digno merecedor de atención, amor y admiración, lo cual es correcto dentro de mis apreciaciones. Lo que no considero correcto es dar primordial importancia a lo que puedan sentir los demás hacia nosotros.
Debería de ser nuestro "yo creo" el protagonista siempre, y tener siempre especial atención al confundir amor propio con egoísmo.
Nosotros debemos y podemos ser capaces de amarnos, atendernos y valorarnos en primer orden, antes de ansiar recibir los mismos por parte de los demás. Siendo analíticos nos daremos cuenta que de ahí parte el origen de los fracasos o decepciones que generan los “vacíos emocionales”.
Ser víctimas y buscar culpables, o culparnos a nosotros mismos (que es peor) por “entregar”, no es jamás la respuesta ante el “vacío emocional” que llevamos dentro. Esto es seguir viviendo en el pasado y llenar ese vacío recordando lo “infelices” que somos por no tener el afecto que queremos o que exigimos merecer de los demás, llegando al punto fatal de olvidar quiénes somos, lo que valemos y en realidad necesitamos para ser felices.
La mayoría de nuestros pensamientos son de algún modo sobre el pasado, sumándolos a otros que pueden darse en el futuro, llegando a formar una dinámica mental que nos termina gastando. Y lo que es peor, nos condena a volver a generar una y otra vez lo pasado, olvidando algo tan importante como nuestro presente.
Vivir en el pasado es forjar cadenas que nos atan fuertemente a cosas irrelevantes que ya no funcionan ni nos ayudan, llegando incluso a ser masoquistas.
Cuando comprendamos que no son nuestras emociones o sentimientos lo que nos causan decepciones o problemas, sino más bien es la dificultad para expresarnos y "soltar" lo que no merecemos (aquello que no nos hace bien) empezaremos actuar de forma sana, siendo protagonistas de nuestra vida al tomar con decisión las riendas de ella, vaciando la pena y aceptando la situación que nos ocurre como algo superior a nosotros.
Solo así podremos sentir que, cuando entregamos algún sentimiento a alguien, en ese momento nos estamos regalando un gran placer generando satisfacción de haber dado algo. Es ahí cuando se completa el ciclo, es decir que ya recibimos.
De la vida interpretamos como enseñanza que la persona que recibió debe ser agradecida. Pero lo aconsejable es que en lugar de esperar un agradecimiento, seamos nosotros los agradecidos por la oportunidad de experimentar nuestra generosidad o por simple satisfacción de haber entregado todo. ¿Complicado de entender? Sí, bastante complicado hasta que nos liberamos.
Al inicio dije que "soltarse" es de valientes debido a que es difícil tomar la decisión de elevar el pasado hasta que se pierda y que en su lugar surja esa fuerza de recobrar la confianza, sin recurrir a la necesidad de usar la defensiva. Cuando soltamos tenemos la capacidad de perdonar sinceramente generando un sentimiento de libertad.
Los invito a probar esta fórmula que sin ser mágica me ayudo: Vivir y respirar agradecidos, pero sinceramente.
Esta actitud produce un sentimiento de satisfacción y no nos sentiremos en deuda con nadie ni nada. Cada vez que alguien nos pida algo, o si no lo pide y simplemente decidimos dárselo, debemos estar muy conscientes de que esto nos va generar placer y satisfacción. Entonces nos diremos “aquí está completo el ciclo, el resto de lo que viene es añadidura”.
Soltarse es dejar de vivir en deuda con los demás, es dejar de vivir atados, es vivir en paz, libertad y responsabilidad con lo que sentimos nosotros, no con lo que sienten los demás por nosotros.
A ti querida amiga:
Sé que decirte “todo va estar bien” no te sirve ahora, pero si tú lo empiezas a creerlo así será.
Petete (pa tu)
lunes, 16 de diciembre de 2013
Ser soltero, ¿les preocupa más a ellos?
Hoy por la mañana mi padre me miró
fijamente con ternura, me lanzó un beso de buenos días y me pidió que me acercara. Entonces me
aproxime hacia él y me dijo: “Negra porque si eres tan hermosa, atractiva e
inteligente no existe un muchacho guapo con el que puedas casarte, ¡necesito
nietos!”.
Este gesto y palabras de mi padre me dejaron pensando todo el día en lo difícil que es hoy defender nuestra
soltería, más aun al llegar a cierta edad , pasados los 30 en la mayor parte de los casos donde has vivido y fuiste testigo de muchos acontecimientos importantes, los cuales siempre protagonizaban otros. Vidas que se
unieron, que fracasaron, que se volvieron a unir. Vidas que ves empezar, vidas que
ves nacer y crecer. Vidas que al final de cuentas no son la tuya pero están a tu
entorno. Y si escarbas en tu memoria siempre apoyaste y respetaste la decisión que estas vidas tomaron sin mucho cuestionamiento. Entonces ¡porque carajos no pueden respetar nuestra soltería!.
Pero si tú o yo vivimos solos y
estamos en una zona de real confort ¿Por
qué en cualquier momento nos quieren cuestionar? Tal vez
también te pasa: Si no contestas a sus preguntas de reproche o preocupación, es porque te gusta evadir tu realidad. Si las contestas de la forma que piensas y dices que eres feliz solo, eres un
brutal egoísta. Y por supuesto como omitir el pecado de decir “ No quiero tener aún hijos” (
y pasas la edad promedio más aun si eres mujer, por ahí a los 32 años,puede ser causal
de excomulgación social).
A la mayoría nos ha llegado el amor en las distintas etapas y cada uno tiene sus historias que contar pues se han quedado días, meses, años (algunos hasta demás tiempo del que debimos permitir) pero todos han dejado algo bueno, un aprendizaje y hasta alguna arruga de más por tanto llanto que en algún momento hemos derramado por amor. Creo que la vida ha sido generosa con algunos de nosotros, me incluyo, y nos ha dado muchos amores y enseñado miles maneras de amar.
Mi vida siempre ha estado llena
de amor y a cada uno de esos amores les he entregado todo, pero
lamentablemente no han sido lo que deseo, lo que aspiro, lo que quiero para
compartir este confort de sentirme bien y es por esto que no he abandonado mi estado.
Desde mi punto de vista, el
estar soltero no quiere decir haber perdido el sentimiento de compartir nuestra vida con una pareja. Estar solo significa por el contrario no necesitar
de una pareja para sentirse feliz, completo y realizado, de esta manera poder apreciar el verdadero significado de compartir porque así lo queremos, no porque nos toca.
Estar soltero debe tener como
prioridad encontrar aquel propósito de la vida en no pareja. La soledad no es
ausencia de gente, sino la ausencia de conocer quienes somos, para que somos buenos,
para dónde queremos ir en la vida ; creo que esto es básico para dar paso a una verdadera comunión de almas.
Solo un párrafo para los “emparejados”: Creo que a muchos les toco experimentar, a otros les toco aprender a las
bravas, algunos fueron dichosos de encontrar al verdadero compañero de vida y la gran mayoría agarro su oportunidad y se
conformaron con los que les tocaba. Ahora presumen vivir “felices” pero cuando se les olvida criticarnos y cuestionarnos (a los solteros) escuchas la muy célebre frase: “yo
quisiera no haberme casado tan joven” (¿entonces cuál es su discurso?).
¡Al mal tiempo, buena cara
solteros! Si te llegas a sentir desmotivado porque cupido sigue de fiestota
o cayó en las drogas como el mío y tienes la creencia de que ¡ha desaparecido! Piensa que todo
llegará en un tiempo perfecto, todos tendremos nuestra hora.
Nota: Si sigues desmotivado dispara
este corto en tu mente por un segundo e imagina: Una fila del supermercado
interminable en diciembre + carrito lleno de cosas para bebés y el hogar + niño
llorando sin parar + parejas reclamándose sin mirarse por la cuenta a pagar.
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